Uno de los problemas más graves del discurso político en España no es la confrontación —la confrontación es consustancial a la política— sino la progresiva indiferencia hacia los hechos. No se discute sobre interpretaciones de la realidad, sino sobre realidades paralelas, seleccionadas, distorsionadas o directamente ignoradas según convenga al relato del momento.
Uno de los problemas más graves del discurso político en España no es la confrontación —la confrontación es consustancial a la política— sino la progresiva indiferencia hacia los hechos. No se discute sobre interpretaciones de la realidad, sino sobre realidades paralelas, seleccionadas, distorsionadas o directamente ignoradas según convenga al relato del momento.